La cabecera de este blog es un homenaje a todas las maestras "MARIGORRINGO", mariquita en euskera, que llevan de excursión a los niños de su clase bajo la atenta mirada de la directora del centro, pero las pobres no se dan cuenta de que fulanito se les ha escapado a coger la lagartija que habían visto en el camino. ¿A quién no le ha pasado esto alguna vez? Que levante la mano.

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19 jul. 2015

SEMANA DE LA FAMILIA 5. Mentiras a granel


La mentira es decir algo que es falso con intención de engañar.

¿Alguna vez habéis oído que las mentiras tienen padre y madre? Eso es porque, como bien sabemos, todos mentimos, es inevitable, y los padres-madres lo hacemos de forma absolutamente consciente y con intención de engañar a nuestros retoños (si hay alguien que no lo haya hecho que levante la mano).Lo hacemos de forma inconsciente y a diario (no estamos para ponernos al teléfono, me ha encantado la comida poniendo cara de asco, no te puedo atender estoy en la puerta de casa...).

Según un estudio británico, creo, mentimos diariamente un par de veces por lo menos, y la mayoría de las veces no nos damos ni cuenta.

La mentira está tan institucionalizada que incluso a veces les pedimos a nuestros peques que lo hagan (por ejemplo les pedimos que mientan cuando reciben un regalo de alguien y no les ha gustado).

Por lo tanto, no sirve de nada decirles que no mientan, los niños-as imitan  lo que ven, no hacen caso de lo que oyen.

¿Cuándo se convierte la mentira en un problema?

Como maestra he oído a muchas madres-padres que los niños-as NO mienten... ¡¡¡¡¡¡ERROR!!!!!!

Lo primero es dejar claro que hay edades para la mentira.

Los peques menores de 3 años no saben mentir, nos cuentan una realidad imaginada, fantástica, pero no una mentira. No diferencian entre realidad o fantasía.

Cuando tienen de 3 a 5 años ya saben qué son las mentiras y conscientes de que mienten, pero no hay que darle demasiada importancia porque es como si fuera un juego. Si la cosa es constante, se convierte en su comportamiento habitual o es la forma de obtener lo que quieren... entonces tendremos que intervenir.

A partir de los 5 años mienten de forma consciente queriendo engañar, porque ya suelen distinguir la diferencia entre lo que es cierto y lo que no lo es, aunque aún no tienen claro que mentir sea algo incorrecto.

¿Por qué mienten?

Las mentiras pueden producirse tanto por inseguridad y falta de autoestima -que intentan ocultar mediante la mentira- o bien para probar y ver las reacciones de los adultos y comprobar hasta dónde pueden llegar.

Las razones más habituales son:

Frustración.
Un ejemplo de esto es el menor que cuenta que tiene muchos juguetes porque en realidad tiene muy pocos.

Llamar la atención. 
Inventar una dolencia, falsear sobre un posible problema. El pequeño emplea estos embustes para captar la atención del adulto, en ocasiones, porque se siente desatendido. Esto puede significar la existencia de problemas emocionales no resueltos.

Exceso de exigencia.
Poner el listón muy alto a los niños puede provocar que mientan para hacer creer a sus padres que están al nivel que les exigen y no defraudarles.

Imitación. 
Esta ya la he citado antes. Un menor que ve como la mentira es utilizada por los adultos para obtener algún beneficio tiende a imitar estos engaños.

Miedo al castigo.
El temor a la reprobación o reprimenda por parte de un adulto es uno de los principales motivos de la mentira infantil. Los pequeños falsean la realidad para evitar los posibles castigos.

Conseguir algo.
Para obtener algo que no se podría conseguir de otra manera. Como cuando le ofrecemos una golosina si hace determinada cosa (recoger los juguetes, dejar la ropa en su sitio, comer todo él sólo...)

La mentira puede ser un síntoma que nos indique la personalidad de nuestros peques:

• Tímido, que se evade al sentirse desamparado.
• Agresivo y colérico, que no encuentra la reacción adecuada.
• Temeroso, que trata de huir del peligro.
• Vengativo, que busca desquitarse.

¿Cómo cazar las mentiras?

No es tarea fácil, pero, por lo general, cuando dicen la verdad suelen estar relajados y sus expresiones faciales lo demuestran. Sin embargo, cuando mienten, sus expresiones faciales pueden demostrar ansiedad.

Los padres deben escuchar cuidadosamente lo que sus hijos les dicen. ¿Existen contradicciones en lo que dicen? ¿Tienen sentido sus palabras? ¿Es creíble lo que dicen? Si los niños dicen la verdad, usualmente sus palabras no suenan ensayadas, si lo que dicen suena ensayado, los padres pueden hacer preguntas para ver cómo reaccionan al contestarlas.

¿Qué hacer ante la mentira?

Intentar corregirlo, sin lugar a dudas. Pero, ¿cómo?

- Dando ejemplo: Como he dicho antes, es difícil pedirle que no mienta si nosotros lo hacemos de forma habitual. Esas actitudes confunden al peque ?nosotros sí podemos hacerlo y a él se lo recriminamos?

- Creando un clima de confianza que le sirva para tener la seguridad de que puede contarnos todo con tranquilidad y sin miedo.

- Explicando claramente la diferencia entre la verdad y la mentira. Esto es especialmente importante en edades tempranas, donde, además, ajustaremos la explicación a su edad.

- Felicitando cuando nos diga la verdad, especialmente si la misma conlleva riesgo de ser castigado. Por supuesto, si ha actuado mal y nos lo confiesa sin mentir no significa que no le debamos castigar, sino que separaremos claramente lo que es un comportamiento inadecuado por su parte de lo que el niño significa para nosotros: le queremos por sí mismo, no por sus actos.

- No reaccionando de forma desproporcionada cuando mienta, siendo preferible reprenderle o comentar lo ocurrido en privado que hacerlo en público.

- Explicando claramente lo que esperamos en cuanto a cumplir normas y los beneficios que conlleva. Ello le permitirá entender bien la relación entre conducta y consecuencias.

- Fomentando oportunidades para que actúe de forma sincera. Nosotros confiamos en ellos pero deben ser honestos con nosotros.

- Guardando proporcionalidad entre la conducta y sus consecuencias. Tan inadecuado es castigar excesivamente una conducta errónea como premiar sobremanera una positiva.

- La mentira no siempre hay que castigarla; a veces es más positivo saber sus razones para mentir, de tal forma que podamos actuar para que comprenda lo valioso de la sinceridad. Aumentará nuestra confianza y al mismo tiempo su libertad y autonomía.

- Liberándose de actitudes neuróticas. Muchas veces reaccionamos con ansiedad ante la simple posibilidad de la mentira: “¿Habrá dicho o no la verdad?” Y cuando la mentira es descubierta, entonces se acosa al niño, se multiplican las preguntas y los interrogatorios, y, haciendo gala de una gran desconfianza, ya no se le cree, aunque diga la verdad.

Y ahora para terminar... 

Un poco de humor materno.


Un poco de humor escolar.


Un poco de humor adulto.


Y una película inolvidable sobre mentiras (versión en inglés).



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2 comentarios :

Blanca Lafarga dijo...

Buena entrada.
Un besico.

Blanca B dijo...

uy!!! no había visto tu comentario, jiji, perdón.

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